1 Nombre: fallenCreeks (¡Término de Ciberseguridad: Rootkit!)!selZBG0FVg 06-08-2026 (Thu) 21:24:20 [del]
¿Qué les parece? La escribí hace un tiempo pero no sé cómo continuarla....
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Justo el reloj acababa de dar las tres. Las tres de la mañana.
Y eso no era bueno. Adam llegaba tarde, mucho más tarde de lo que le caracterizaba y eso le estaba sacando de quicio.
Allí, en su destartalado coche de segunda mano que tanto le costó conseguir, Norma esperaba a su compañero.
Habían quedado hace una hora.
Esperaron a que todos estuvieran dormidos para poder escaparse y quedar para hacerlo de una vez por todas.
Como si fuera por capricho del destino, la fecha se había ido cambiando tantas veces y por tantos motivos que, cuando se fijó para ese jueves 31 de octubre no pudieron cambiarla. Era demasiado perfecto. La fecha idónea para colarse en la vieja mansión de la colina. Y además, no, no llovía. Hacía un calor bochornoso.
Incapaz de poder permitirse el lujo de mantener el tanque del aire acondicionado, Norma no tuvo otra elección que bajar la ventanilla del conductor para que algo de aquella tímida brisa fresca le acariciara la nuca.
La lata fría que había comprado en la máquina expendedora de la calle de atrás, apenas podía retener por más tiempo el frío que la envolvía. Norma había abusado de ese extra para intentar refrescarse un poco del sofoco que la atormentaba. Hacía tanto calor, incluso por la noche, que el ayuntamiento había decretado la alerta naranja climática por altas temperaturas.
-Gracias a Dios que aún está fría- se dijo mientras se volvía a pasar la lata por la frente, levantándose por enésima vez el flequillo.
La hacienda El Colmenar fue el hogar de una antigua familia rica e influyente durante la época dorada del pueblo. Ricardo Rojas, el cabeza de familia, también fue el propietario de la mina subterránea que daba de comer a todas las familias del pueblo.
Cuando llegó a sus oídos que el pueblo granjero y lleno de campesinos de Pontesur había dado con un filón de carbón, no se lo pensó dos veces.
Una llamada con el alcalde y 3 comidas después, le permitieron instalarse en las afueras del pueblo en tiempo récord. El resto, es historia.
-Espero que se haya traído unas linternas.- Pensó Norma, recostada sobre el asiento. -Aunque a este paso, se hará de día...- Resopló con cierta frustración. Adam no solía retrasarse tanto. Eso le irritaba. Y él lo sabía.
¿Qué demonios pasaba?
De pronto, algo captó su atención. Cruzando la calle, un felino negro se movía de manera elegante, incluso majestuosamente. Era común en los gatos pasearse así cuando se siente relajados, pero algo en especial hizo que la chica se inclinara hacia delante... El animal parecía tener un encanto particular. En aquel momento, y como si fuera por capricho del destino, el felino giró su cabeza, hasta dar con los ojos de aquella chica curiosa que lo observaba desde un coche.
Tan solo fue por unos segundos, pero a Norma le pareció toda una revelación. Era una señal.
De repente, una canción fuerte y estridente despertó a ambos de aquella conexión. Era su móvil. Y le llamaba Adam. Definitivamente algo no iba bien.

