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    Página: 1-

    Archive of Our Own (11 respuestas) thread icon

    3 [del]

    https://archiveofourown.org/works/605749

    Mafalda y Libertad en La Dictadura.

    4 [del]

    La huída hacia delante (en Ao3)

    Estaba cansado. Los supresores de sueño que tragó ya no hacían efecto. Había dibujado tres historietas y dos story-boards para Ideas del Sur y le pagaron con UN YOGURT. Luego se subió al auto de su jefe. Esquivar los peajes... ¿podría? Los drones recaudadores le dispararon perdigones rompevidrios. Le daba igual a Madariaga. Ese no era su auto. Ya no podría volver a trabajar en ese lugar. Su vida social era nula. Era nula y había culminado.

    Varios duendes mofletudos creados por El Hombre Misterioso habían hecho su maléfica aparición. Madariaga los atropelló a todos. Incluso a unos duendes que se autopercibían muchachas. Les aplastó a todes.

    Todo rojo, veía Madariaga. Había fumado muchos cigarrillos de drogadicción que había en el automóvil. Un automóvil Fiat Twingo de su ahora ex-jefe, Fellini. De éste se decía que hizo su fortuna a costa de su antigua mujer, Enriqueta. En el apogeo de su carrera, Enriqueta había amasado unos buenos dólares. Pero Fellini la hipnotizó a Enriqueta y la hizo invertir en emprendimientos que la fundieron a ella. Y lo enriquecieron a él.

    Madariaga sentía descargas en su cuerpo cuando la veía haciendo escenas escandalosas en el estudio de Ideas del Sur. Ella aparecía exigiendo dólares a gritos pelados. "Parece Nikocado Avocado", susurraba la gilada. Fellini sólo pagaba en pesos devaluados. Fellini se compraría un auto mejor.

    Madariaga soñó cientos de veces (o al menos, decenas) arrojarse con el Twingo a un precipicio. Pero no había precipicios en esa ruta. Ni árboles. Solo alambre y vacas flacas.

    {continúa}

    5 [del]

    Sólo alambre, vacas flacas y duendes.
    "Hay un mundo mejor, pero es más caro", decía siempre Madariaga. Lo decía sabiendo que no codiciaba la fortuna para acceder a tal mundo. Para él su consuelo era robar un auto y arrojarse a un precipicio, como en la película de "Thelma y Luis".
    "Nunca seré suficiente para Enri".
    La "suficiencia" puede tomar más de un intento. Y quizá nunca la alcancemos. Hay más cosas fuera de control que cosas controlables. Quizá se trate de fluir en el medio de tamaño caos incesante...
    Podía parar en la ruta para dormir, pero sabía que los duendes se amucharían y lo devorarían.
    Nadie quería terminar así, como un choripan en el pasto al que conquistan las hormigas.
    Madariaga siguió manejando y cabeceando. Luchando por no dormirse al volante. "No quiero chocar dormido, como un boludo", decía en voz alta.
    Tenía terror a quedar vivo y aún más incompetente.
    Hacía frío en el auto. Tenía los dedos dormidos. Todos los dedos. Todes.

    6 [del]

    En contra de todo pronóstico, un edificio demacrado apareció en el inhóspito horizonte nocturno. "¡Yepa yepa yepa!" bufó Madariaga. Lloraba. Le dolía su vida.
    El ruinoso amasijo edilicio parecía tener un cartel que rezaba la leyenda "Hotel Usher". Parecía un espejismo. En cualquier momento emergería una cucaracha godzillezca o una horda de zombies. "¡Yepa yepa yepa!" canturreó Madariaga, más animado.
    El sueño le pesaba. En cualquier momento sucumbiría. Disminuyó la velocidad. Frenó. Tambaleante, logró llegar a la recepción. Se tocó sus rodillas. Congeladas. Entidades fantasmáticas le dieron una llave. La de su cuarto. No podía leer el número.
    La llave empezó a cantar:
    "Ella se agita / por la noche se menea todita".
    Las puertas crujían con cada paso de Madariaga. Secreteaban. "Mirá ese boludo, parece que se va a caer redondo". Madariaga le quiso pegar a una puerta chismosa. Erró el golpe. Las puertas rieron. "Ese boludo se cree Mike Tyson, ja ja".
    Madariaga enfureció pese al sueño y arrojó la llave contra una de las puertas. La puerta más gorda, la más jodona. Algo pasó, algo mágico. El simbolismo era poderoso. Pero Madariaga se cayó y se durmió en el pasillo. No lo notó, pero un duende con cara de Gaturro surgió de la nalguda oscuridad y le orinó en la capocha.
    No terminaba nunca de mear. Un litro de pis amarillo y oloroso.
    "Amarillo" es un decir, parecía jugo Tang de naranja.

    7 [del]

    La baranda pestilente le recordó sus salidas cervezales cuando el boom de las cervecerías. Olor a pis en todo el aíre, hombres, mujeres y seres no binaries orinaban un litro de meo por cada pinta de birra que tomaban.

    Madariaga sentía culpa por no estar dibujando, y también fantaseaba las ideas más estúpidas. Letras de canciones que no transcribiría. Apenas se sentara con lápiz y papel, sabía que toda ocurrencia dejaría de rimar, la música en los versos se marchitaría. Con tenacidad, Madariaga atraparía sombras, ecos de esos destellos inspirados.

    Ideas, ideas, ideas. Redibujar un episodio de la Doom Patrol de Morrison pero con su estilo, un poco deudor de Liniers, Gary Panter, Gary Baseman, Mark Beyer. Y con Gaturro en vez de El Hombre Negativo. Y con otro poder. No sé, que todos los personajes floten como Carlitox. Y que Crazy Jane esté dibujada con una estética más fanservicial.

    Madariaga aspiraba a no ser tan seguidor de LA GRASA, tan "lo que quiere la chola". Pero bueno, había que hacer concesiones. Recordaba su gran colección de cómics de GEN-13 meets My Little Pony. El fan-service estaba por algo. Eye-candys como Misty en Pókemon o Lain Iwakura en Evangelion...

    También lamentaba Madariaga películas que no filmaría, con actrices que no estarían al alcance de su presupuesto. No digamos Audrey Hepburn o una Mia Farrow jovenzuela. Madariaga pensaba en figuras de la talla de Sofía Gala, Thelma Fardín, Marcela Klosterburguer...

    Pero bueno, tuvo su espectral guitarra Fender Telecasper. Compuso canciones de felaciones, de amor francés, de gordas de Willendorf, con dildos menhires de Stonehenge...

    Madariaga tenía un montón de ideas estúpidas.

    Pero no usaba las mal llamadas "inteligencias artificiales". En sus tiempos no existían o él no las conocía.

    "Che, qué baranda a meo que hay", se escuchó pensar en sueños Madariaga.

    El duende que lo orinó estaba manipulado por ChatGrogGePeTe. Le comandaba beber thinner y orinar sobre los huéspedes.

    8 [del]

    El cuarto verde se derritió. Madariaga se percató que desde que se despertó nada se veía como antes, cuando todo lo veía teñido de rojo.

    Entonces una voz le habló desde el centro de su cráneo:

    "Bienvenido a Mictlán".

    Madariaga no entendió nunca que las paredes emitían rayos gamma y que estaba siendo convertido en una pasta de slime para integrar uno de los pendencieros androides de El Hombre Misterioso. Al momento de morir, Madariaga volvió a pensar en Enriqueta, en el Renault 12 que robó y chocó contra un árbol cuando tenía 13 años, en la choco-torta que ganó en una riña de gallos contra Mike el Potoco...

    EL HOMBRE MISTERIOSO estaba satisfecho, detrás del cristal incandescente a prueba de radiación. Sentado en su trono de espinas, su fernét con Manaos Cola se había recalentado y tenía un sabor metálico. Una veintena de gorriones oscuros y acerados flotaban como imantados a su alrededor, como pequeños drones israelíes sedientos de sangre.

    9 [del]

    La recepcionista irrumpe a gritos. La recepcionista es Enriqueta. Quiere dólares y quiere saber dónde está su amiga. Su amiga es una momia bicentenaria. Aparece en el aire, se materializa delante de los presentes. Se comunica con telepatía. Madariaga quiere escapar. La geronta lo acusó de robarse los dólares. "¡Yo sólo robo autos! ¡Sólo los hurto! ¡Nunca usé un arma!". Enriqueta no acepta razones: le salta al cuello y lo muerde como si fuese un pitbull, un bulto pitudo. Pero no duele.

    Era una pesadilla.

    El cuerpo del flamante androide convulsiona. Pesadillas post-mortem. El cuerpo se debate, tiene sustancias en rebelión. Deberían descomponerse. Pero no: la turbia alquimia tecnocrática, retiene el alma en una prisión de carne, metal y muchos colores.

    Madariaga tiene quince años y huye de la policía, que le hace bowlling con una bazooka que arroja bolas de boliche de goma. Cae en un charco, el charco no tiene final, una vez que atraviesa el espejo de barro. Un científico parecido al Doctor Willy de Megaman ensaya con tubos. Hace pesas y flexiones de brazos. Un androide leñador emerge de la oscuridad cantando. "Una cerveza voy a tomar, una cerveza para olvidar y así olvidarme de aquella trampa mortal".

    Pero el robot empezó a llorar.

    El olvido llegaba, pero no tan rápido.

    Algo se diluía en la nada, pero de todos modos, el robot lloraba como un bebé.

    10 [del]

    No para, sigue sigue. Sigue girando. Huyendo. Corriendo. En una jaula. Sin piernas. Los gorila-chorizo se las papearon.

    Los gorilas-chorizo, tétrica amalgama de simios antiperonistas con chacinados de porcinos. Cuando el dólar en Argentina estaba muy devaluado, los chinos ofrecieron comprar órganos de humanas y humanes argentinas y argentines. ¿Para qué? Para alimentar a los simpáticos chanchos del gigante asiático, cuyos rostros estaban serigrafiados como los de los osos panda sintéticos.

    ¿Y qué tienen que ver los "gorilas-chorizo"?

    Los chinos exigían a los hijos de Fellini para devorar, puesto que estaban alimentados con caviar, manteca de pistacho de Dubai y cero grasas trans. Estos hijos eran un ALIMENTO PREMIUM.

    Pero Fellini necesitaba herederos para que no obtenga su fortuna Enriqueta. Fellini la desconocía al repetir  "¿Qué le habré visto?".

    "La posibilidad de cagarla, forro de mierda", contestaba Maradiaga mentalmente y configurando su rostro para que se muestre inescrutable.

    Fellini, acostumbrado a salirse con la suya, le encomendó al maligno infatigable, a EL HOMBRE MISTERIOSO la creación de unos hijos postizos. Y así nacieron los indomables gorilas-chorizo.

    Luego de devorar las piernas del cada vez más mecánico Madariaga, los gorilas-chorizo le robaron el celular. ¡Qué choris!

    [...]

    Un caballo robot dio un relincho robótico y Madariaga lo miró, pero el caballo ahora era un pequeño pony. Lo miró mejor y era Enriqueta, transformada en potranca policromada. Le miró el culo equino: tatuaje de arcoiris en su cadera.

    Madariaga TENÍA DEVOCIÓN por esas ficticias criaturas. Había ido veinte veces a los encuentros "Furros Argentinos" en Tecnópolis, donde miles de personas y duendes se congregaban disfrazados de animales de dibujos animados. Los ponys copaban la parada. Eran legión.

    Los ojos de la bestia femenina se hincharon. Todo su cuerpo se hinchó y relinchó. Tristemente miró a Maradiaga y cayó muerta a sus pies.

    Maradiaga lloraba a cántaros. Escuchaba a Nazarena Vélez suplicar "¡Por favor, loco, basta!" y se sintió hermanado a ella.

    Todo alrededor se incineró.

    Todo menos Maradiaga.

    Una blancura infinita inundó todo.

    Inmune a la explosión, al aturdidor sonido rompetímpanos, Maradiaga quiso gritar con todas sus fuerzas.

    "No tienes fueyes neumónicos, no necesitas oxígeno. Tampoco tienes un dispositivo fonador sémico. Serás un androide silente. EL HOMBRE MISTERIOSO necesita un payaso estilo Mister Mime, de Pókemon".

    Maradiaga bramó sin voz, pero con furia "¡Odio los putos pókemons!"

    "Y bueno, hermano. A joderse", respondió la fría voz misteriosa.

    Madariaga lloraba de rabia.

    [...]

    Imperceptible cambio de plano. Suena la canción de la cueva del gigante de "Peer Gynt" de Edvard Grieg, en una versión arcade: https://mrtylerlarson.bandcamp.com/track/in-the-hall-of-the-mountain-king

    Madariaga se encuentra en un capítulo de "El Inspector Gadget".

    Pero no las innecesarias iteraciones. La serie POSTA.

    Penny corre peligro. Madariaga se da cuenta que ya no es Madariaga. Es Cerebro.

    Cerebro es el animal de compañía de Penny, su ladero, su socio incondicional, su siervo, su lacayo, su canino enamorado. Salta a interponerse entre Penny y los secuaces de Garra. La rescata pero le dan una re biaba. Penny incinera a los malvivientes con un rayo de su libro Arch GNULinux.

    "¡Cerebro! ¡Cerebro!", lloraba a gritos abrazando al perrito hecho un Cristo.

    [...]

    El jefe Quimby los llevó hasta la casa de Gadget, previo procurarle al inmolado pichicho una habichuela mágica de Dragon Ball.

    "Cerebro, ¡ya estás bien! ¡Qué alivio che!", exhaló Penny y lo abrazó fuerte. "Te quiero mucho, amigo. No sé qué haría sin vos che. Me encanta tu compañía, chabón. Nunca hablás pavadas, sos fiel, leal, nunca te quejás... te gustan las mismas cosas que a mí... yo... creo que me gustás mucho..."

    Cerebro devolvió el abrazo, pero la habichuela le pegó mal. Por un lado, su cuerpo no le dolía, pero... ¿quién era esta cachorra humana que lo abrazaba tanto?

    "Cerebro, si no fueras un perro, posta te juro que me caso con vos. Nunca me fallás, sos de fierro. Cuando te necesito estás ahí... no sé, si te morís te juro que me mato, amigue. Llévame con vos. Te amo, Cerebro."

    Madariaga no entendía nada, pero nadie nunca le dijo cosas así de la amistad y el amor.

    Quería seguir soñando post-mortem, pero despertó.

    Lo despertaron.

    11 [del]

    Todo se prendió fuego. Luego apareció una nube de telgopor y empezó a llover dentro de la jaula.

    Pero era alcohol lo que llovía.

    El fuego volvió a foguear.

    Los gorila-chorizo se cocinaron y un sabroso aroma a asado perfumó el lugar.

        "Voy a deglutirme una carnicería / carne de calidad / ciento por ciento argentina / voy a desayunar / asado con el parquet."

    "No necesitarás el sentido del olfato, pinche narizón culiao" se escuchó dentro del cuerpo de Madariaga y la cálida fragancia a carne asada se interrumpió.

    Había que reescribir los recuerdos. El alma quería saber todo. Hambrienta perpetua de razones para vivir y del por qué de las cosas, buscaba en las arcas del pasado, las pistas de su existencia. Pero EL HOMBRE MISTERIOSO era un guacho de mierda y lo quería cagar al cadáver de Madariaga. De ahora en más, sería llamado "Androide número 49" o sencillamente "Lord Pichula".

    Entonces, el flamante Lord Pichula recordó destellos beodos. Borracheras adolescentes. En una de ellas, durante 4º año, le dijo a una compañera que la quería. La imagen era borrosa. Se parecía a Enriqueta, pero más flaca y con el pelo chamuscado por un mal uso de la plancha para alisar cabello. Ella se rió y le dijo algo. Insolentado, la empujó por la ventana, justo pasaba por allí un CAMIÓN DE VACA y ella gritó "¡Viva Perón!". Todos sus compas se volvieron gordos y sindicalistas, pero el león de Judea liberó esa corrupción con su motosierra de poder, que se asemejaba a una guillotina. Un nuevo reinado como el de Stalin capitalista comenzó.

    La compa murió y a Madariaga lo cambiaron al turno nocturno, pero se escapó y hurtó un auto mientras el dueño del auto se comía un choripán en Castañares y Piedrabuena. Madariaga salió a la General Paz y chocó contra un árbol. Apareció en un hotel verde, un verde esmeralda. La recepcionista era una gorila-chorizo con dientes de piraña y mofletes de Gaturro. "Otra pérfida aberración del hombre misterioso vale-callampa. Pinche viejo meado".

    Percibió un zamarreo veloz, pero inocuo. EL HOMBRE MISTERIOSO vigilaba sus pensamientos y quiso aleccionarlo con electro-choques. Pero ambos recordaron la nueva insensibilidad post-mortem.

    Lord Pichula visionó en un fulmíneo destello a EL HOMBRE MISTERIOSO intentando curar la homosexualidad de su hije varón a fuerza de electrochoques. Así lo mató y luego lo convirtió en androide, para finalmente transmutarlo a un alfajor GUAYMALLÉN FURRY EDITION y zampárselo con una cerveza Oslava.


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