10 Nombre: !VpKHzOu04Y 31-12-2025 (Wed) 18:11:07 [del]
No para, sigue sigue. Sigue girando. Huyendo. Corriendo. En una jaula. Sin piernas. Los gorila-chorizo se las papearon.
Los gorilas-chorizo, tétrica amalgama de simios antiperonistas con chacinados de porcinos. Cuando el dólar en Argentina estaba muy devaluado, los chinos ofrecieron comprar órganos de humanas y humanes argentinas y argentines. ¿Para qué? Para alimentar a los simpáticos chanchos del gigante asiático, cuyos rostros estaban serigrafiados como los de los osos panda sintéticos.
¿Y qué tienen que ver los "gorilas-chorizo"?
Los chinos exigían a los hijos de Fellini para devorar, puesto que estaban alimentados con caviar, manteca de pistacho de Dubai y cero grasas trans. Estos hijos eran un ALIMENTO PREMIUM.
Pero Fellini necesitaba herederos para que no obtenga su fortuna Enriqueta. Fellini la desconocía al repetir "¿Qué le habré visto?".
"La posibilidad de cagarla, forro de mierda", contestaba Maradiaga mentalmente y configurando su rostro para que se muestre inescrutable.
Fellini, acostumbrado a salirse con la suya, le encomendó al maligno infatigable, a EL HOMBRE MISTERIOSO la creación de unos hijos postizos. Y así nacieron los indomables gorilas-chorizo.
Luego de devorar las piernas del cada vez más mecánico Madariaga, los gorilas-chorizo le robaron el celular. ¡Qué choris!
[...]
Un caballo robot dio un relincho robótico y Madariaga lo miró, pero el caballo ahora era un pequeño pony. Lo miró mejor y era Enriqueta, transformada en potranca policromada. Le miró el culo equino: tatuaje de arcoiris en su cadera.
Madariaga TENÍA DEVOCIÓN por esas ficticias criaturas. Había ido veinte veces a los encuentros "Furros Argentinos" en Tecnópolis, donde miles de personas y duendes se congregaban disfrazados de animales de dibujos animados. Los ponys copaban la parada. Eran legión.
Los ojos de la bestia femenina se hincharon. Todo su cuerpo se hinchó y relinchó. Tristemente miró a Maradiaga y cayó muerta a sus pies.
Maradiaga lloraba a cántaros. Escuchaba a Nazarena Vélez suplicar "¡Por favor, loco, basta!" y se sintió hermanado a ella.
Todo alrededor se incineró.
Todo menos Maradiaga.
Una blancura infinita inundó todo.
Inmune a la explosión, al aturdidor sonido rompetímpanos, Maradiaga quiso gritar con todas sus fuerzas.
"No tienes fueyes neumónicos, no necesitas oxígeno. Tampoco tienes un dispositivo fonador sémico. Serás un androide silente. EL HOMBRE MISTERIOSO necesita un payaso estilo Mister Mime, de Pókemon".
Maradiaga bramó sin voz, pero con furia "¡Odio los putos pókemons!"
"Y bueno, hermano. A joderse", respondió la fría voz misteriosa.
Madariaga lloraba de rabia.
[...]
Imperceptible cambio de plano. Suena la canción de la cueva del gigante de "Peer Gynt" de Edvard Grieg, en una versión arcade: https://mrtylerlarson.bandcamp.com/track/in-the-hall-of-the-mountain-king
Madariaga se encuentra en un capítulo de "El Inspector Gadget".
Pero no las innecesarias iteraciones. La serie POSTA.
Penny corre peligro. Madariaga se da cuenta que ya no es Madariaga. Es Cerebro.
Cerebro es el animal de compañía de Penny, su ladero, su socio incondicional, su siervo, su lacayo, su canino enamorado. Salta a interponerse entre Penny y los secuaces de Garra. La rescata pero le dan una re biaba. Penny incinera a los malvivientes con un rayo de su libro Arch GNULinux.
"¡Cerebro! ¡Cerebro!", lloraba a gritos abrazando al perrito hecho un Cristo.
[...]
El jefe Quimby los llevó hasta la casa de Gadget, previo procurarle al inmolado pichicho una habichuela mágica de Dragon Ball.
"Cerebro, ¡ya estás bien! ¡Qué alivio che!", exhaló Penny y lo abrazó fuerte. "Te quiero mucho, amigo. No sé qué haría sin vos che. Me encanta tu compañía, chabón. Nunca hablás pavadas, sos fiel, leal, nunca te quejás... te gustan las mismas cosas que a mí... yo... creo que me gustás mucho..."
Cerebro devolvió el abrazo, pero la habichuela le pegó mal. Por un lado, su cuerpo no le dolía, pero... ¿quién era esta cachorra humana que lo abrazaba tanto?
"Cerebro, si no fueras un perro, posta te juro que me caso con vos. Nunca me fallás, sos de fierro. Cuando te necesito estás ahí... no sé, si te morís te juro que me mato, amigue. Llévame con vos. Te amo, Cerebro."
Madariaga no entendía nada, pero nadie nunca le dijo cosas así de la amistad y el amor.
Quería seguir soñando post-mortem, pero despertó.
Lo despertaron.

